20 enero 2010

Silencio

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Esta noche no quiero que hables, por favor. Tus labios ya han dejado escapar demasiadas palabras y mis oídos están saturados de ellas. Por favor.

Yo solo quiero que nos miremos el uno al otro, y que permanezcamos así, perdidos en los tenues reflejos de nuestros ojos, reflejos apenas perceptibles en esta oscuridad salpicada por escasas estrellas.

Ahí, cuando el exhalar de nuestras respiraciones se sincronicen y entren en armonía, mi índice derecho se posará gentilmente sobre tus labios, cruzándolos para que éstos no rompan el hechizo causado por el silencio.

Sin dejar de mirarte, extenderé mi brazo libre y lo pasaré por tu espalda, recorriendo con mis dedos la parte posterior de tus hombros, pasando por el valle curvado de tu columna y las dunas desiertas de la parte posterior de tus costillas hasta llegar a tu cintura, lugar donde reposará mi mano restante.

Con delicadeza, mi brazo te acercará a mí en un intento furtivo, y fallido quizás, de recuperar el calor que has alejado de mi cuerpo y de llenar el vacío que tus palabras se han encargado de cavar dentro de mi cuerpo.

Silencio es todo lo que quiero. Silencio es lo que necesito… quizás así las palabras que sembraste en mí dejen de cavar el interior de mi cuerpo, desgarrando mis músculos y perforando mis órganos como termitas que se abren paso entre la madera. Extenuadas, quizás, en silencio tus palabras no tendrán refuerzos que las releven de su faena.

Por favor, no dejes que el hechizo se rompa y permite que así, con mi frente tocando la tuya y mi índice entre nuestros labios, mi mirada pueda perderse entre tus ojos abandonando la fría oscuridad de la noche para adentrarse en la tibia oscuridad de tu alma, y así poder encontrar una luz tan brillante que pueda poner en este cielo salpicado de pocas estrellas

Autor:kuroi

16 enero 2010

Errores

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Reflexionando, no puedo evitar darme cuenta que esa historia que compartimos tú y yo, nuestra historia, es una historia llena de errores marcada por una frase incompleta: “no debí…”.

Y es que no debí acercarme a ti en primer lugar, así como no debí ser yo quien te mandara un mensaje sin esperar nada a cambio, sólo por seguir un impulso y querer jugar al azar… No debí esperar respuesta tuya, mucho menos tu atención, de hecho no lo hice… pero cuando respondiste, también es cierto que no debí responderte de regreso, ni esa ni alguna de las demás veces que le siguieron hasta que nuestros mensajes se transformaron en una conversación.

Las horas pasaron y no debí pensar en ti. Los días siguieron y no debí preocuparme por las horas oscuras que permanecías en silencio. Las semanas no se atrevieron a desafiar el flujo del tiempo y yo no debí permitirme contar los días desde que te conocí.

Incluso cuando lo disfrutaba, también existen cosas que no debí hacer. Para empezar no debí hablarte de mí, de las cosas que me gustaban y de las cosas que no. Tampoco debí mostrarte interés y dejar que mi sentido de equilibrio o de justicia (o mi desorden obsesivo compulsivo, como quieras llamarlo) me ganara, por eso no debí preguntar acerca de ti. No debí hacer planes contigo, escuchar tus canciones ni recomendarte otras más… y especialmente, no debí caer en la trampa de aquellas hermosas y tentadoras palabras que usabas para captar mi atención, así como la luna lo hace con los insectos que vuelan de noche…

No debí hablar contigo. No debí pelear contigo. No debí disculparme contigo. No debí preocuparme si estabas sufriendo por mi culpa. No debí reírme de tus chistes, de tus gestos o de tus comentarios. No debí… hacer muchas cosas contigo… pero sobre todo, no debí conocerte…

¡Hum!… resulta hasta gracioso cuando lo piensas un poco mejor y ves hacia atrás. Fueron tantas cosas, quizás demasiadas, y yo no debí ser tan tonto como para seguir agregando elementos a esta lista saturada de ellos…

Finalmente, y aunque sabes que no me gusta quejarme, quiero que sepas que sé seguramente no debí decirte todo esto… pero esta lista de errores no estaría completa si no admito que no debí escribirte todo esto cuando no tengo arrepentimientos, y mientras pienso que siempre estaré aquí… para ti… por ti.

Autor:kuroi

10 enero 2010

Toma mi mano

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Toma mi mano

… ¿Despertaste?

Abre los ojos… yo estoy aquí, a tu lado; y seguiré aquí, junto a tí.

Bajo este cielo lleno de estrellas, no podría estar más feliz de yacer contigo sobre la grama verde, humedecida por el rocío, que cubre esta colina despejada con vista al mar y a las incandescentes luces de la ciudad. Sin importar que tan fría sea la briza que nos canta con sus leves susurros, el contacto de tu cuerpo con el mío me da el calor suficiente para estar seguro que, aquí y ahora, esto no es uno de esos sueños donde al finalizar la noche permanecería junto a ti, donde ninguno de los dos tendríamos que regresar a nuestras vidas paralelas…

Sin embargo, esta noche se acerca a su fin y nosotros debemos prepararnos para partir una vez más. Aquí, en este lugar testigo de nuestras emociones, acostados bajo la oscuridad del cielo que se prepara para retroceder poco a poco ante la tenue luz del sol que amenaza con asomarse, yo debo dejar de pensar por un momento en ti para encontrar el punto de salida que utilicé para dejar por una noche mi vida y así poder unirme a la tuya. Pero… ¿cómo podría no querer quedarme contigo un poco más?

¿Cómo podría no gustarme sentir el peso de tu cabeza apoyada sobre mi pecho o el contacto de tu frente con el borde de mi barbilla? ¿Por qué no querría detallar el contorno de tu figura o contemplar el color de tu piel, pálida por la luz de las estrellas? O ¿cuándo dejaría de disfrutar el recorrer la curvatura de tu espalda con mis dedos, sintiendo con cada roce el calor de la sangre que bombea tu corazón?

Antes de que te levantes y tu suave voz diga “adiós”, ¿cómo no querer detener el tiempo para pedirte una cosa más?: toma mi mano.

Con tu mano sosteniendo la mía y mientras aún queden estrellas brillando en el cielo, ambos regresaríamos a mi hogar. Yo iré primero. Lentamente mis pies se alejarán del suelo y con mi mirada fija en tu rostro, mi cuerpo comenzará a ascender hacia el cielo salpicado de estrellas.

Sin importar cuánta confusión se muestre en las arrugas de tu frente, ni cuánto temor se refleje en tus ojos, yo quiero mostrarte que todo estará bien. Por eso, mientras tu mano se aferre a la mía, yo seguiré subiendo y tú lo harás conmigo. Tan pronto como tus pies se despidan de la grama, no te preocuparás por caer porque ya no sentirás a tu peso anclarte a la tierra, y así, una por una, tus preocupaciones se quedarán atrás.

Centímetro a centímetro. Metro a metro. Kilómetro a kilómetro. Nosotros nos alejaremos de las luces de la ciudad y nos acercaremos el uno al otro. No tendremos frío, tampoco temor. Seremos sólo tú, yo y las estrellas.

Cuando ya no queden nubes que atravesar, yo pondré tu mano sobre mi pecho y bordearé tu cintura con mi brazo, acercando tu rostro al mío, susurrando tu nombre, contemplando tu temple. Finalmente, nuestros cuerpos se dividirán en estrellas y nuestro amor se convertirá en una constelación, eterna como el tiempo. Libres, donde todos nos puedan ver, y donde no tendremos que despertar nunca más del sueño que nos separa.

Entonces… ¿te atreves a tomar mi mano?

Autor:kuroi

02 enero 2010

Libres

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Libres


Yo… yo debo admitir que siempre pensé que en el amor encontraría la llave para obtener mi libertad, una libertad en un mundo lleno de cadenas y prisiones invisibles, algunas más grandes que otras, pero que a la final siempre te restringen y limitan a vivir sumergido en preocupaciones… Entonces llegaste tú, y contigo se apareció esa llave intangible que me permitiría cumplir mi anhelo: ser libre.

Y yo quería ser libre, ser libre juntos… yo quería que contigo a mi lado, tomados de la mano o no, alcanzáramos nuevas alturas mientras rompíamos nuestras cadenas y quebrábamos las barras de nuestras celdas. Tu mirada, tus besos, tus palabras, tu tacto… tus gestos serían el combustible y el alimento que nos mantendría surcando los cielos o atravesando los mares por siempre, hasta que la vida y la muerte nos separaran, porque estando ambos vivos o muertos igual seguiríamos siendo libres, libres en nuestro amor. Pero luego aprendí que sin importar cuán atrás dejáramos a nuestros captores, sin importar cuán feliz me hacías sentir, nuestras cadenas nunca dejarían nuestros pies ni liberarían nuestras muñecas, y que nuestras jaulas sólo se habían expandido en vez de desaparecer. Fue entonces cuando te fuiste, y luego yo comprendí que la libertad que tú me diste fue sólo un placebo… uno con sabor al dulce de tus labios.

Y yo quiero ser libre… libre de ti, de la cadena en que te convertiste cuando te fuiste, libre de sentirme feliz como soy y con lo que siento, libre de pensamiento y libre para surcar los cielos en cualquier momento y en cualquier dirección. Sin importar cuántas cadenas me anclen a la tierra ni cuántas estén esperando algún descuido para unirse a las demás, yo quiero ser libre de ignorarlas y sentir que, a pesar de todo, no son nada más que el aire que frena mi cuerpo pero que siempre podré vencer y seguir adelante… siempre adelante…

Y tú serás libre… libre de los prejuicios que se convirtieron en las barras invisibles de la prisión que limita tu razonamiento, libre de aquellas falacias que por orgullo o por ignorancia no te dejan apreciar lo que tienes en frente de ti, y que no te dejan ver más allá del límite de tus ojos…

Y, finalmente, nosotros seremos libres… libres como el viento, y así podremos ser felices nuevamente, más felices que antes, pero no juntos… Entonces será muy tarde para eso, e irónicamente nuestra libertad será posible mediante la barrera invisible que nos separará con el tiempo. Aún cuando mi mano pueda tocar la tuya o tu mano pueda tocar mi cuerpo… el amor que alguna vez sentimos se convertirá en las llaves que nos liberará de las cadenas en que nos vertimos el uno para el otro… Sólo así, podremos ser libres tú, yo y alguien más.

Autor:kuroi

01 enero 2010

Momentos

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Momentos


A veces pienso que la vida es simplemente un suspiro en el paso del tiempo, un suspiro breve, pero calmado y lleno de sentimientos. Un corto suspiro comparado con la longevidad del universo, un suspiro que nace y que, como el viento, poco a poco desaparece hasta mezclarse con su entorno, extinguiéndose, dejando de ser un suspiro para transformarse en algo más, pero siempre presente.

Pero, entonces… ¿por qué vivimos? ¿Qué hace que cada segundo que presenciemos valga la pena si tarde o temprano tendremos que llegar a un fin? Estas preguntas, no siempre tienen la misma respuesta, muchas veces depende del espacio y del tiempo, otras depende de otras personas, sin embargo, para encontrar una respuesta siempre pensamos en algo, un sentimiento, un recuerdo, un momento.

Al igual que el viento, nuestra vida tiene un principio, ya sea en lo alto entre las nubes o entre las pronunciadas olas del mar, partiendo desde el calor de un volcán o desde el frío de un glaciar, nuestra vida está siempre en constante movimiento, recorriendo lugares nuevos, recogiendo olores y arrastrándolos con nosotros, como recuerdos de un instante que queremos conservar.

Son estos momentos los que nos hacen más fácil el camino, momentos de amor, momentos de alegría, momentos de dolor, momentos de sufrimiento, momentos de odio, momentos de tristeza, momentos de soledad, momentos de amistad… Son estos momentos, guardados en recuerdos, los que de algún modo u otro definen nuestro destino final, los que indicaran el lugar donde finalmente se extinguirá nuestro viento antes de mezclarse con el aire. Son estos momentos los que valorarán nuestra vida, nuestro recorrido, y es cuestión de nosotros, sólo de nosotros, decidir cuáles lugares queremos recordar y cuáles aromas queremos arrastrar hasta el final; cuáles momentos cargaremos siempre en nuestra memoria y cuáles es mejor dejar atrás, olvidados, ocultos en lo más profundo de nuestra mente, sin valor alguno que nos pueda ayudar a alcanzar nuestra meta.

Podemos arrastrar los delicados pétalos de la flor más linda, o las nubes oscuras de la tormenta más fuerte que jamás ha existido, la fragancia dulce de la primavera, o las cenizas del peor de los incendios… Sólo nosotros decidiremos por cuánto tiempo los cargaremos durante nuestro viaje en soledad y en compañía de la nada. Momentos…

Autor:kuroi